Friday, 25 May 2012

Cajas


Hablaban mucho de cajas. Ella le había regalado su esencia en una caja, y él estaba triste porque pensaba que no le había dado nada a cambio, que le había regalado una caja vacía. Pero ella no le había dicho nunca que él era una caja, como todas las personas, que son infinitos mundos escondidos, encapsulados: cajas viejas, cajas llenas, unas más interesantes y otras más difíciles de abrir.
Él era la caja más especial que había tenido la oportunidad de abrir. Era una caja sin fondo, una caja por la que se pasaba horas rebuscando y siempre encontraba datos interesantes e historias entretenidas que escuchaba con atención. Historias, eso era: encontraba una palabra y tiraba de ella, y salían cientos de palabras hiladas, una después de otra (mezcladas con alguna risa), contando historias mágicas, historias interminables. Empezaban al anochecer y terminaban cuando se dormían y viajaban al mundo de los sueños, al que pertenecía ella. Cuando despertaban compartían las aventuras que habían vivido, y así volvían a empezar las historias y las palabras. Al final, ella descubrió que él no era una caja llena de historias, sino que estaba hecho de las historias que contaba. 

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